Al aserrar madera usada, siempre hay peligro de dañar la hoja de la sierra, aunque se hayan sacado todos los clavos visibles, pues algunos de éstos pueden haberse roto y sus puntas haber quedado ocultas en la madera. Y también puede darse el caso de clavos que hayan sido introducidos desde un principio debajo de la superficie. Para descubrir cualquier trozo metálico, suspéndase un pequeño imán de un cordel, y muévase a lo largo de la tabla. Ante la presencia de un clavo oculto, el imán oscilará, y bastará ponerlo entonces sobre la madera, para situar con suficiente precisión el objeto metálico. |