Una vez que desaparece el acabado protector del mango de un martillo, a causa de un uso intenso y prolongado, es posible que la madera se encoja lo suficiente para aflojar dicho mango en el receptáculo en que está alojado. Aun en el caso de que el receptáculo sea ahusado, existe el riesgo de que la cabeza se desprenda al usar la herramienta. Para evitar el encogimiento, sumerja la cabeza y parte del mango en una solución de aceite de linaza crudo y aguarrás, a partes iguales, durante 48 horas. |